Mientras me dice que este es el fin, que debo irme, una galletita de agua se le deshace en la boca. La mastica lento y no me mira.
Una humedad contenida de rabia y angustia no me deja ver cómo unta la tostada y sorbe, parsimoniosamente, el mate cocido.
Cucarachas invaden la cocina.
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lunes, 23 de noviembre de 2009
domingo, 15 de febrero de 2009
Abelismo
Lo que nadie sabe, o lo que es peor, sabe pero no dice, es la complacencia del joven bello y sereno Abel por su perfección de bondad y por la aceptación del viejo Adán. Cada planta cultivada, cada rebaño pastoreado con la aplicación de un niño prodigio y disciplinado lo envolvía en una aureola de mística perfección que se deleitaba en presumir a su desfavorecido hermano.
Abel le robó la virtud a Caín para poder perpetuar en la tierra la marca de la serpiente, la marca de Judas, la marca del orgullo y la soberbia escondidas en la humildad más hipócrita de la historia bíblica. Abel es el ángel envidioso, Caín es el hombre imperfecto, la víctima de una sublevación truncada.
Abel le robó la virtud a Caín para poder perpetuar en la tierra la marca de la serpiente, la marca de Judas, la marca del orgullo y la soberbia escondidas en la humildad más hipócrita de la historia bíblica. Abel es el ángel envidioso, Caín es el hombre imperfecto, la víctima de una sublevación truncada.
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